Nueva normativa europea de emisiones: cómo afecta al mercado automotriz

La normativa europea sobre emisiones de CO2 ha vuelto a ser el foco de atención en el sector automotriz, generando un impacto directo en la planificación estratégica de los fabricantes y en la previsión de precios para los consumidores. La Unión Europea ha modificado la forma de contabilizar las emisiones medias para el periodo 2025-2027, un cambio que, aunque no altera el objetivo final, sí flexibiliza el camino para alcanzarlo.

Esta situación, similar a lo que ocurre con temas relacionados con los aranceles a los coches, demuestra la necesidad de estabilidad regulatoria para la industria.

Nueva normativa europea de emisiones de CO2: el escenario original para 2025

Inicialmente, 2025 se vislumbraba como un año decisivo para la electrificación en la industria automotriz. Una nueva normativa europea sobre emisiones de vehículos exigía que aproximadamente el 35% de las ventas de los fabricantes correspondieran a coches de cero emisiones para evitar cuantiosas multas. Esta presión legislativa había propiciado un escenario de descuentos agresivos en vehículos eléctricos, compensados por un esperado aumento en el precio de los coches de combustión. Esta estrategia combinada pretendía equilibrar la rentabilidad empresarial con el fomento de la transición hacia vehículos eléctricos.

Paralelamente, la previsible restricción en la oferta de coches de combustión nuevos, como consecuencia de la normativa, se anticipaba que elevaría los precios de los vehículos usados de combustión con menos de cinco años de antigüedad.

El cambio de reglas: contabilización a 3 años

Sin embargo, la Unión Europea, a pesar de las reiteradas peticiones de la Asociación de Constructores de Coches Europeos (ACEA) para flexibilizar o posponer la medida, ha introducido una alteración fundamental. Aunque no ha modificado el objetivo de emisiones ni ha retrasado su entrada en vigor, sí ha optado por cambiar la metodología de cálculo de la media de emisiones.

La nueva metodología permite a los fabricantes calcular la media de emisiones de sus ventas a lo largo de un período trianual, comprendido entre 2025 y 2027, introduciendo mayor flexibilidad en el cumplimiento normativo. Esto significa que, si bien el objetivo de normativa europea sobre emisiones de CO2 para cada fabricante no se modifica, ahora tendrán la flexibilidad de superar su media de emisiones en 2025, siempre y cuando compensen el exceso con un mayor volumen de ventas de vehículos eléctricos en 2026 y 2027.

La nueva normativa europea sobre emisiones es un gran desafío para el sector del autootriz

Nueva normativa europea de emisiones de CO2: implicaciones para el mercado automotriz

En esencia, la situación no ha experimentado un cambio radical en cuanto al desafío fundamental. El mercado de vehículos nuevos aún no parece estar preparado para absorber un 35% de vehículos eléctricos en un solo ejercicio. Aquellos fabricantes que no incentiven sus modelos de «cero emisiones» en 2025 y se queden con un 20% de ventas de vehículos eléctricos, se enfrentarán al considerable reto de matricular más del 40% en 2027 para cumplir con la normativa europea sobre emisiones de coches.

Esta modificación regulatoria crea un escenario de «ganadores y perdedores» entre los fabricantes:

  • fabricantes «en desventaja»: empresas que anticiparon la producción de vehículos eléctricos del segmento B para cumplir con la normativa original, como Stellantis, Hyundai-Kia y Renault, enfrentan una menor ventaja competitiva debido a esta modificación regulatoria;
  • fabricantes «beneficiados»: por el contrario, fabricantes como el Grupo Volkswagen, que no contará con modelos eléctricos del segmento B hasta mediados de 2026, se benefician de esta medida, obteniendo un respiro para ajustar sus planes de producción y lanzamiento. Lo mismo ocurre con Toyota, que afrontaba un complicadísimo 2025 a falta de modelos eléctricos buscando comprar cuota de CO2 a Tesla.

El pasado mes de enero, las ventas europeas ya mostraban el intenso esfuerzo de Volkswagen por matricular vehículos eléctricos, logrando que el ID.4 fuera el eléctrico más vendido en la Unión Europea y que el grupo ocupara cuatro de las seis primeras posiciones en la lista de los eléctricos más vendidos. Esta agresiva estrategia comercial parecía implicar una combinación de hiperdescuentos con automatriculaciones que tenían pinta de dopar a medio plazo el mercado de V.O. Sin embargo, el reciente cambio en la normativa europea sobre emisiones sugiere que esta estrategia se relajará.

Perspectivas a largo plazo de la normativa

A más largo plazo, las implicaciones de esta normativa europea sobre emisiones de CO2 a tres años son multifacéticas:

  • fluctuación de precios: podría generar una fluctuación en los precios de los vehículos eléctricos a lo largo del período, con posibles descuentos más pronunciados en 2026 y 2027 a medida que los fabricantes busquen compensar cualquier déficit de emisiones de 2025;
  • mercado de segunda mano: el mercado de vehículos de combustión usados podría experimentar menos presión al alza de la que se había anticipado inicialmente, ya que los fabricantes tendrían más margen para gestionar su oferta de nuevos vehículos de combustión;
  • inversión y desarrollo: esta nueva flexibilidad podría influir en la inversión y el desarrollo de nuevos modelos eléctricos. Algunos fabricantes podrían reajustar sus calendarios de lanzamiento, priorizando el desarrollo y la producción en función de esta nueva ventana de oportunidad de tres años;
  • competencia en eléctricos: la competencia en el mercado de vehículos eléctricos, que se esperaba que se intensificara drásticamente en 2025, podría ver una distribución más gradual de sus picos, permitiendo una adaptación más suave.

La modificación en la contabilización de las normativa europea sobre emisiones de coches es un claro ejemplo de cómo la legislación puede alterar profundamente la dinámica del mercado. Si bien el objetivo final de descarbonización se mantiene, la forma en que se permite a los fabricantes alcanzarlo ha sido suavizada, ofreciendo una mayor flexibilidad. Esto no solo afecta a los planes estratégicos de los fabricantes de automóviles, sino que también tendrá un impacto directo en los consumidores, tanto en la disponibilidad como en los precios de los vehículos eléctricos y de combustión en los próximos años.